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No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy.

3.5.11


Volvió andando relajadamente a casa después de una agotadora jornada en el instituto, le dolía la cabeza, probablemente a causa de una bajada de tensión, no comía nada durante toda la mañana, y eso es devastador.
Entró en la vivienda vacía, y en vez de comer, se sentó directamente en el teclado electrónico, ese aparato que transmitía con sensores los cambios de altura y que no solo imitaba al piano sino a muchos más instrumentos.
Acarició levemente una tecla que reprodujo un ''do'' dulce y delicado, colocó las manos y tecla tras tecla conformó una bella melodía con la que algún famoso compositor alcanzó la eternidad y eso le emocionó. Estaba tocando las notas surgidas del alma de alguien que ni imaginó que un pedazo de metal y otros de plástico fueran a reproducir sus melodías; estaba tocando una pieza escuchada por miles de personas en miles de épocas, y por la melancolía de la pieza, puede ue nunca escuchada por la persona para la que había sido escrita.
Una lágrima resbaló por su mejilla... y apagó el teclado.